Catania a la sombra del Etna, el problema de tener un aeropuerto bajo el volcán más activo

POR EDITORIAL

VeN /16-08

‍ ‍La erupción en agosto ha llevado la crisis a la temporada alta: unos 30.000 pasajeros afectados y 190 vuelos desviados hasta ahora

El Etna ha vuelto a recordar a Sicilia el coste de convivir con un volcán activo junto a una puerta de entrada. A primera hora del 17 de agosto, el aeropuerto de Catania-Fontanarossa mantenía importantes restricciones al tráfico -sobre todo llegadas- y no había una previsión clara para la reapertura de esta infraestructura. La crisis, en plena temporada alta, acumula más de una semana de alteración de operativa. Hasta el día 14, unos 100.000 pasajeros habían resultado afectados y, a fecha del día 12, un total de 190 vuelos habían sido desviados a Palermo.

El problema es estructural. En el centro del Mediterráneo, la pista de Catania sirve a la costa oriental de Sicilia, mientras el Etna domina el territorio. La Unesco lo define como el estratovolcán más activo del mundo y documenta al menos 2.700 años de actividad. El aeropuerto movió 12,37 millones de pasajeros en 2025, de modo que una interrupción local se convierte en un problema regional cuando la ceniza avanza hacia las rutas aéreas.

La actividad volcánica comenzó en julio

La erupción volcánica de agosto llega, además, pocas semanas después de otro episodio severo. Entre el 5 y el 7 de julio, la emisión de ceniza obligó primero a suspender llegadas y después a bloquear completamente vuelos, con cerca de 120 cancelaciones y más de 60 desvíos. Cuando la alerta VONA bajó de rojo a naranja, el aeropuerto reabrió. La Región activó transferes y trenes especiales para mover viajeros desde Palermo, Trapani y Comiso.

El verano de 2024, el volcán ya había mostrado el mismo patrón, también en temporada alta. El 5 de julio la ceniza cerró sectores del espacio aéreo; el 23 de julio, la cuarta fase paroxística del mes elevó una nube volcánica a unos ocho kilómetros y obligó a suspender los vuelos. El 15 de agosto, otra erupción volvió a detener la actividad hasta que la pista y el área de movimiento pudieron ser limpiadas y descontaminadas.

El impacto excede la aviación: operadores, hoteles y viajeros soportan reprogramaciones, estancias forzosas y traslados terrestres cuando Catania deja de absorber vuelos

Un año antes, la coincidencia con las vacaciones fue todavía más explícita. El 14 de agosto de 2023, víspera de Ferragosto, Fontanarossa quedó cerrado por la caída de ceniza y no recuperó la operativa hasta la mañana siguiente. Más de 150 vuelos fueron cancelados o desviados y miles de viajeros sufrieron demoras cuando muchos se dirigían a Sicilia o intentaban regresar. En mayo de aquel año, otra erupción ya había obligado a suspender las operaciones.

El cierre del aeropuerto de Catania es habitual cuando el Etna entra en erupción. Fuente: X

La historia reciente incluye episodios menos prolongados, pero igualmente reveladores. En febrero de 2021, una erupción cubrió Catania de ceniza y lapilli, interrumpió el aeropuerto y provocó cinco cancelaciones o desvíos antes de reabrir tras limpiar la pista y rebajarse la alerta. En julio de ese año, otra nube eruptiva, estimada en al menos cinco kilómetros, volvió a suspender la operativa. En 2022, la ceniza causó retrasos mediante limitaciones variables de despegues y aterrizajes

Comunicado del aeropuerto de Catania del 14 de agosto: "Debido a la actividad eruptiva del Etna, se ha ordenado la prórroga del cierre de los sectores C1 y B3, lo que conlleva la suspensión de las llegadas y salidas hasta las 02:00 horas (00:00 GMT) del 15 de agosto"

Retroceder más no cambia el diagnóstico. En marzo de 2017, Catania cerró durante la noche por ceniza; en enero y diciembre de 2015 hubo erupciones, cierres y desvíos a Palermo y Comiso. En diciembre de 2013 volvió a quedar inoperativo. Los episodios de 2001 y 2002-03 fueron todavía más decisivos: el Istituto Nazionale di Geofisica e Vulcanologia (INGV) recuerda cierres frecuentes y el Ente Nazionale per l’Aviazione Civile (ENAC) desarrolló después un procedimiento específico para operar Fontanarossa con actividad del Etna de forma segura.

Las tensiones que se generan en el turismo

Para el turismo, el efecto va mucho más allá del número de vuelos cancelados. La crisis actual ha tensionado hoteles, operadores, transporte terrestre y planificación de vacaciones; la patronal Assoesercenti estima, según cifras recogidas por La Repubblica, pérdidas de entre 12 y 24 millones de euros. El daño incluye reservas que no llegan, estancias forzosas, excursiones perdidas y costes de traslado. El sector reclama una coordinación permanente entre aeropuertos, aerolíneas, operadores turísticos y autoridades.

Desde el lado del viajero, la disrupción se traduce en incertidumbre y costes difíciles de absorber. En agosto se han documentado pasajeros con hoteles y excursiones ya pagados, reubicaciones ofrecidas varios días después y problemas para encontrar autobuses, taxis o coches de alquiler. Algunos traslados en taxi entre aeropuertos sicilianos llegaron a anunciarse por hasta 800 euros. La paradoja es evidente: el propio Etna continúa atrayendo visitantes que se acercan a contemplar la erupción.

La respuesta futura pasa por combinar vigilancia, limpieza rápida, aeropuertos alternativos y una red terrestre capaz de redistribuir pasajeros sin convertir cada erupción en crisis insular

Las autoridades han ido convirtiendo la excepcionalidad en protocolo. El aeropuerto opera con cierres sectorizados del espacio aéreo, decisiones de su unidad de crisis y reaperturas graduales ligadas a la evolución de la ceniza y la limpieza. El pasado mes de julio, la Protección Civil regional movilizó alrededor de 100 voluntarios y asistió a unos 40.000 pasajeros en tránsito por desvíos. Además, Fontanarossa contrata específicamente servicios de barrido de ceniza volcánica en zonas airside.

No todas las erupciones cierran el aeropuerto

La experiencia demuestra que no toda erupción provoca el cierre del aeropuerto: importan la intensidad, la altura de la nube, su dispersión y, sobre todo, el viento. Pero esa dependencia meteorológica impide eliminar el riesgo. La perspectiva pasa por ganar resiliencia: vigilancia del INGV, decisiones rápidas, capacidad de limpieza, aeropuertos alternativos y conexiones terrestres capaces de absorber viajeros. Comiso, Palermo y Trapani son parte de la solución, pero necesitan coordinación operativa real.