Alma Air inició los vuelos comerciales en hidroavión entre Medellín y Guatapé

POR EDITORIAL

VeN /11-10

La compañía colombiana recibió el permiso acuático definitivo para operar en el embalse El Peñol-Guatapé y ya transporta pasajeros en un Cessna 208 Caravan anfibio desde el aeropuerto Olaya Herrera. El trayecto toma entre 15 y 20 minutos y se vende por avión completo.

Alma Air informó que recibió el permiso acuático definitivo para operar en el embalse de El Peñol-Guatapé, reservó y transportó a sus primeros pasajeros y realizó un día de prensa el lunes 5 de octubre. El anuncio, publicado por la compañía, marca el paso de las pruebas a la operación comercial en la primera ruta regular de hidroavión que Colombia ve en cerca de siete décadas.

El servicio une el aeropuerto Enrique Olaya Herrera (EOH) con el embalse en unos 15 a 20 minutos de vuelo, frente a cerca de dos horas por carretera. La aeronave es un Cessna 208 Caravan modificado con flotadores y ruedas retráctiles: despega de pista, retrae el tren y ameriza, o hace el recorrido inverso. La operación se ofrece por aeronave completa, con seis pasajeros y dos pilotos, y un límite reportado de 450 kilos de carga útil por trayecto.

El vuelo sale del Olaya Herrera en horas de la mañana, remonta el Valle de Aburrá hasta Copacabana, trepa a unos 9.500 pies y gira hacia el Oriente antioqueño en busca de la represa. Para despegar y acuatizar, la aeronave necesita entre 600 y 900 metros de superficie de agua, una condición que el embalse cumple con holgura.

Las tarifas de lanzamiento, vigentes en septiembre y octubre y cobradas por avión y no por asiento, se ubican en 3.496.000 pesos el tramo sencillo y 5.688.000 pesos la ida y vuelta en el mismo día, según medios locales y la propia oferta de la compañía. Las reservas se gestionan por el sitio flyalma.com y WhatsApp.

Alma Air subrayó que el permiso de Guatapé es solo el primer paso. En el embalse ya contabiliza 40 amerizajes y pide zonas de acuatizaje alternativas para reducir el riesgo operacional, mientras mantiene un monitoreo continuo de viento y meteorología.

Ayapel (Córdoba) y Mompox (Bolívar) tienen las pruebas hechas y solo restan permisos finales. La compañía también recibe solicitudes para evaluar el lago Calima, el embalse de Hidroituango y el río Atrato a la altura de Quibdó.

En paralelo siguen las conversaciones con la Aeronáutica Civil y la Dirección General Marítima (Dimar) para ensayos en agua salada, requisito para proyectar la costa Pacífica —de Bahía Solano a Juradó— y el Caribe —de isla Múcura a Barú—.

De las pruebas al taxi aéreo

El proyecto arrancó en reuniones con la Aerocivil en 2020 y se retomó con fuerza en 2024. En julio de 2026 la autoridad otorgó a Alma Air S.A.S. un permiso provisional de operación como explotador de transporte aéreo público no regular de pasajeros, carga y correo (taxi aéreo), luego de más de 75 despegues y amerizajes de prueba en Ayapel, el río Magdalena en Mompox y Guatapé, sin incidentes reportados.

El Caravan llegó a Medellín en junio tras un ferry de 1.555 millas náuticas desde Fort Pierce (Florida), con escalas en Bahamas, Jamaica y Panamá. La base inicial está en el Olaya Herrera. Detrás del proyecto figura Irelandia Aviation, el grupo vinculado a la creación de aerolíneas de bajo costo como Ryanair y la extinta Viva Air; la dirección está a cargo de Rupert Stebbings, quien asumió como CEO en octubre de 2024.

El sismo de magnitud 7,4 del 10 de agosto, con epicentro en el occidente del país, retrasó el arranque turístico. Alma Air destinó el único avión a ayuda humanitaria: según la compañía, realizó 40 misiones de socorro, entre ellas vuelos a Quibdó con medicamentos e insumos en alianza con operadores de ambulancia aérea y fundaciones. Ese episodio, señala la empresa, también demostró que el Caravan anfibio sirve para tramos tierra-tierra, no solo para agua.

“También es un avión que va de tierra a tierra. Estamos dispuestos a ir a cualquier parte”, dijo Stebbings a El Colombiano al describir la versatilidad del equipo. En la misma entrevista sostuvo que el modelo apunta tanto al turismo como a la conectividad en zonas de difícil acceso.

Qué sigue

La primera fase de la red se completa con Ayapel y Mompox. Después, el cuello de botella regulatorio está en Dimar y Aerocivil para agua salada. Cada cuerpo de agua exige evaluación propia de viento, profundidad, obstáculos y coordinación con autoridades locales: la compañía lo admite al pedir zonas alternativas ya en Guatapé, aun con el permiso definitivo en mano.

La hoja de ruta que publica la propia empresa incluye Cartagena-Mompox en unos 49 minutos, Cartagena-isla Múcura en 28, Medellín-Ayapel en una hora y Medellín-Calima en 79. La demanda en el Caribe es visible: hacia las islas de San Bernardo y Múcura se mueven unos 40.000 pasajeros por año en lancha, y a Mompox se tarda entre cinco y seis horas por tierra. Todas esas rutas dependen, sin embargo, del permiso para operar en agua salada.

La aviación anfibia tampoco es una novedad absoluta en el país: SCADTA, la precursora de Avianca, voló hidroaviones desde 1920 con el río Magdalena como vía principal y rutas iniciales entre Barranquilla y Cartagena. La actividad se extinguió hacia los años 50 y la Aerocivil acompañó el regreso con una prueba piloto Medellín-Ayapel en septiembre de 2025.