Argentina .Mal funcionamiento de autobombas intensifica el reclamo gremial de fondos para la seguridad operativa en aeropuertos
Trabajadores del sector exigen una mejora presupuestaria urgente para la ANAC ante el deterioro del equipamiento de rescate, mientras se recurre a prórrogas de emergencia y bomberos voluntarios para evitar la parálisis de las terminales.
El inicio de la temporada de vacaciones de invierno en Argentina se encuentra a la sombra de la preocupación por la seguridad operacional terrestre. La Coordinación Nacional de la Asociación de Trabajadores del Estado en la Administración Nacional de Aviación Civil (ATE ANAC) encendió las alarmas al denunciar el estado crítico de los Servicios de Salvamento y Extinción de Incendios (SSEI) en todo el territorio nacional. El reclamo se suma a diversos análisis técnicos que reiteran la aguda necesidad de una inversión urgente e importante.
Semanas atrás, un grave incidente técnico en el norte del país puso de manifiesto un cuadro de situación que exige un proceso de inversión urgente para evitar el colapso de la conectividad y de las garantías de seguridad en rampa.
Una alerta que expuso la precariedad
El pasado 26 de junio, el Aeropuerto Internacional "Doctor Fernando Piragine Niveyro" de la ciudad de Corrientes debió activar de urgencia su protocolo de emergencia ante una amenaza de bomba. La advertencia, dirigida contra un vuelo de Aerolíneas Argentinas proveniente de Buenos Aires que transportaba a 78 pasajeros, obligó a derivar la aeronave a una cabecera alejada de la terminal (la denominada "zona zulú" del protocolo de seguridad).
Sin embargo, la verdadera emergencia latente quedó al descubierto en tierra: la autobomba principal del SSEI asignada al aeropuerto no arrancó. A pesar de los repetidos intentos por darle marcha, el vehículo especializado fue incapaz de responder ante la hipótesis de una detonación o fuego.
Aunque la amenaza, afortunadamente, resultó ser falsa, el incidente desnudó la alarmante escasez de recursos y la falta de mantenimiento que sufren los servicios de extinción en una gran cantidad de terminales aéreas del país. No es una situación que haya emergido de la nada en los últimos meses, sino una degradación que lleva años y que alcanza niveles de peligro latente para la continuidad de operaciones seguras.
Radiografía de una red en riesgo
La vulnerabilidad detectada en Corrientes no es un caso aislado, sino un patrón sistémico. En plena temporada alta de turismo invernal, la operatividad de varios de los principales aeropuertos de Argentina pende de un hilo.
De acuerdo con el último reporte gremial de ATE ANAC, durante esta semana se han agudizado graves ineficiencias operativas en distintas regiones del país:
Corrientes y Resistencia: las ineficiencias en los equipos de rampa han obligado a las autoridades locales a recurrir a bomberos voluntarios sin la habilitación aeronáutica correspondiente. Del mismo modo, se están utilizando autobombas que no están homologadas para actuar ante siniestros aéreos.
San Carlos de Bariloche: el principal centro de esquí y destino invernal del país atraviesa una compleja situación de precariedad en su SSEI. Su funcionamiento se encuentra en serio riesgo, justo en el momento de mayor afluencia de vuelos nacionales e internacionales de la temporada.
Estado de alerta en aeropuertos argentinos
Expertos del sector recalcan que la falta de equipamiento homologado no es un mero incumplimiento administrativo, sino un peligro de muerte para tripulaciones y pasajeros. El agua por sí sola es ineficaz para apagar un incendio en una aeronave, debido a la naturaleza química de los combustibles de aviación.
Para combatir eficazmente los incendios de Clase B (hidrocarburos como el combustible Jet A-1), las autobombas aeroportuarias emplean concentrados espumígenos especializados —como las espumas formadoras de película acuosa o AFFF, y sus alternativas ecológicas libres de flúor o F3— que actúan mediante una triple acción físico-química.
La mezcla reduce la tensión superficial del agua por debajo de la del hidrocarburo, permitiendo que una fina película acuosa flote y se extienda rápidamente sobre la superficie del combustible en llamas. Esta manta continúa actuando como una barrera física hermética que corta de inmediato el suministro de oxígeno, enfría el área crítica al absorber el calor radiante y sella los vapores altamente volátiles para evitar la reignición espontánea (flashback), algo que el agua sola no podría lograr.
Este agente extintor solo puede ser aplicado mediante los sistemas de alta presión que equipan a las autobombas aeroportuarias homologadas, maniobradas por personal que cuenta con certificaciones específicas de la autoridad de aviación civil. Desde el punto de vista mecánico, la efectividad de este agente químico depende de una dosificación y expansión precisas que las dotaciones de bomberos estructurales convencionales no pueden replicar en rampa.
El sistema de dosificación de una autobomba aeroportuaria homologada debe inyectar el concentrado en el flujo de agua en proporciones exactas (generalmente al 1%, 3% o 6%), para luego succionar aire y agitar la mezcla de forma mecánica en la boquilla del monitor (proceso de aeración). Esto genera una estructura de burbujas estables con la viscosidad, el alcance de proyección y la tasa de aplicación de alta presión exigidos por las normas internacionales para aislar rápidamente el fuselaje y proteger las vías de evacuación.
Reemplazar estos sistemas con dotaciones de bomberos de estructura de las provincias o municipios vulnera de manera flagrante los estándares de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) a los que la República Argentina suscribe.
El reclamo gremial, alineado con el análisis técnico
Frente a la gravedad de la situación, la Coordinación Nacional de ATE ANAC emitió una enérgica advertencia y demandó soluciones de fondo que pongan fin al desfinanciamiento crónico de la aviación civil:
"Necesitamos un proceso de inversión en ANAC para poder mejorar la prestación del Servicio de Extinción de Incendios, teniendo en cuenta la mejora de la capacidad crediticia del organismo y de esta manera sostener los aeropuertos funcionando."
Para intentar paliar las ineficiencias operativas y evitar el cierre generalizado de las terminales aéreas en falta, la ANAC ha implementado una medida transitoria. Se trata de una nueva reglamentación que otorga certificaciones aeronáuticas provisorias por un plazo de 90 días con el objetivo de destrabar e improvisar habilitaciones operativas.
No obstante, tanto los trabajadores como los analistas del sector coinciden en que estas prórrogas de emergencia no resuelven la raíz del problema: las autobombas continúan averiadas, la falta de insumos de espuma es real y el riesgo operativo sigue latente en las pistas de todo el país. La comunidad aeronáutica apela a la reflexión inmediata de los que toman decisiones antes de que la falta de inversión derive en un hecho irreversible.

