Nuevo rumbo para la OACI: Toshiyuki Onuma asume la presidencia en un momento decisivo para la aviación global
Por Editorial VeN | 30 de Noviembre de 2025
El diplomático japonés llega a la presidencia de la OACI con un programa centrado en la implementación efectiva de estándares, una seguridad reforzada y una transición sostenible hasta 2050
La Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) acaba de cerrar una de las votaciones más relevantes de la última década. Con 22 votos a favor —solo tres por encima del mínimo indispensable— el diplomático japonés Toshiyuki Onuma ha sido elegido nuevo Presidente del Consejo, en un año en el que la rotación por regiones apuntaba a Asia y al bloque árabe.
Detrás de su candidatura, sin embargo, no solo había una cuestión geográfica: había un programa sólido, ambicioso y profundamente alineado con los desafíos que enfrenta la aviación mundial. Las claves de esta elección, más allá de los números, marcan un punto de inflexión para un sector que busca seguridad total, sostenibilidad real y unidad regulatoria frente a tecnologías y amenazas inéditas.
El triunfo de Onuma en la OACI: una elección ajustada con fuerte carga estratégica
La sesión del Consejo, concluida hace apenas unos minutos, confirmó lo que en los pasillos se intuía: la región asiática recupera un papel protagónico en la gobernanza aeronáutica internacional. Onuma, diplomático con una trayectoria de más de tres décadas vinculada a la aviación, superó al candidato egipcio tras obtener 22 votos, frente a los 14 de su rival.
Aunque la OACI hará oficial la decisión en breve, la elección ya ha tenido eco en las delegaciones. No se trata solo de un cambio de liderazgo, sino de un posible cambio de ritmo: el nuevo presidente llega con un programa riguroso, técnico y centrado en tres pilares esenciales para la aviación del siglo XXI.
Perfil que combina diplomacia, técnica y visión regulatoria
Quienes han seguido la carrera de Toshiyuki Onuma lo habrán visto moverse con solvencia entre despachos diplomáticos, mesas de negociación y órganos técnicos. Su paso por la propia OACI como asesor jurídico y posteriormente como representante de Japón en el Consejo, unido a cargos estratégicos dentro del Ministerio de Tierra, Infraestructura, Transporte y Turismo japonés, lo convierten en una figura que entiende tanto la política como la ingeniería del sector.
«La aviación es compleja, pero también profundamente humana«. Onuma lo repite con frecuencia. Y su programa refleja esa visión: seguridad, sostenibilidad y aplicación real de los estándares, más allá del papel.
Visión 2050: seguridad total, estándares aplicables y sostenibilidad operativa
- Estándares que se cumplan, no que se almacenen
Onuma insiste en que la fuerza de la OACI no está solo en redactar normas, sino en garantizar su implementación. Propone reforzar la colaboración con la Comisión de Aeronavegación y movilizar recursos internacionales para que los Estados —especialmente los que enfrentan limitaciones estructurales— puedan aplicar correctamente los anexos de seguridad, navegación aérea y medioambiente.
Este enfoque está alineado con tendencias globales recogidas por organismos como la IATA, donde la brecha entre normativa y capacidad operativa se ha vuelto evidente tras la pandemia.
- Seguridad con un objetivo contundente: “cero muertes”
Su declaración es ambiciosa pero urgente. En un momento en el que la aviación se digitaliza, Onuma propone atacar directamente las vulnerabilidades emergentes, incluida la ciberseguridad, introduciendo planes de trabajo específicos y flexibles dentro del Consejo.
La seguridad ya no se mide solo en incidentes: también en algoritmos, enlaces de datos y resiliencia digital.
- Aviación sostenible que asuma la realidad del LTAG
Onuma respalda plenamente el objetivo global de descarbonización a largo plazo (LTAG): promover SAF, LCAF, nuevas tecnologías y herramientas financieras como FINVEST Hub para facilitar la transición energética.
La sostenibilidad, sin embargo, no será únicamente ambiental: también social. Su programa subraya la importancia de la diversidad de género, la formación y la llegada de nuevas generaciones a un sector presionado por el relevo laboral.
OACI como foro global: diplomacia técnica en tiempos de tensión
Uno de los puntos más sólidos en su visión es el fortalecimiento del papel de la OACI como plataforma global de decisión, intercambio tecnológico y diálogo humano. En un contexto marcado por diferencias regulatorias, tensiones geopolíticas y desarrollos dispares en movilidad aérea avanzada, su apuesta por un organismo más abierto y conectado puede resultar esencial.
El énfasis en la legalidad aeronáutica es igualmente significativo: desde nuevos tratados adaptados a la movilidad aérea avanzada hasta la asistencia legal para Estados con marcos normativos más frágiles.
En palabras del propio Onuma, la OACI debe ser “creación conjunta”, no solo supervisión.
Lo que está en juego, de 2025 a 2050
El mandato del nuevo presidente llega acompañado de cifras contundentes: para 2050, el transporte aéreo de pasajeros podría multiplicarse por 2,7, y el de carga por 2,2. Esto supone un reto monumental para la infraestructura global, el cumplimiento regulatorio, la seguridad operacional y la sostenibilidad ambiental.
Onuma propone un Consejo más ágil, más técnico y más cercano a los Estados, especialmente aquellos que quedaban fuera del centro de decisión. Es una agenda compleja, pero necesaria.
La aviación mundial está entrando en una fase crítica. Y por primera vez en años, la presidencia del Consejo de la OACI comienza con una hoja de ruta extremadamente detallada y un liderazgo acostumbrado a conciliar diplomacia y precisión técnica.
Mientras otras aerolíneas suspenden rutas debido a la advertencia de seguridad de EE.UU., Air Europa elige seguir operativa, lo que genera un debate sobre si prioriza la conectividad o expone a los pasajeros a peligros innecesarios.
En un panorama aéreo cada vez más incierto, Air Europa se destaca como la última aerolínea española que desafía la tendencia de cancelaciones de vuelos hacia Venezuela. La empresa del grupo Globalia ha confirmado su operación de tres vuelos semanales desde Madrid a Caracas, argumentando que sus protocolos de seguridad permiten continuar el servicio sin interrupciones inmediatas. Pero, ¿es esta postura una estrategia audaz o un error de cálculo en medio de crecientes tensiones geopolíticas?
La alerta de la Administración Federal de Aviación (FAA) de Estados Unidos, emitida el 21 de noviembre y vigente hasta febrero de 2026, ha desencadenado una serie de suspensiones. Se advierte sobre «maniobras militares no coordinadas» e «interferencias en sistemas GNSS«, riesgos que podrían afectar vuelos a cualquier altitud, incluyendo despegues, aterrizajes y sobrevuelos. Iberia, TAP, Avianca, LATAM, GOL y Turkish Airlines han detenido sus operaciones, dejando a Air Europa como la excepción ibérica junto a Plus Ultra.
Los argumentos a favor: Confianza en protocolos y beneficios comerciales
Desde la perspectiva de Air Europa, la decisión parece estar respaldada por una evaluación interna rigurosa. Fuentes de la aerolínea destacan que están «monitoreando la situación diariamente» en coordinación con la Agencia Europea de Seguridad Aérea (EASA), aplicando medidas adicionales como rutas alternativas y sistemas de navegación redundantes. Esta confianza se alinea con la de otras aerolíneas persistentes como Copa Airlines y LASER, que priorizan la continuidad para no aislar aún más a Venezuela, un mercado con fuerte demanda de la diáspora venezolana en España.
Expertos como Mary Schiavo, exinspectora general del Departamento de Transporte de EE.UU., señalan que alertas como la de la FAA son «estándar en periodos de inestabilidad«, pero no siempre prohibitivas. «Los pilotos deben prestar atención, pero no implica un ataque inminente«. Comercialmente, mantener la ruta fortalece la lealtad de los clientes y evita pérdidas por reprogramaciones masivas, un factor clave en un sector donde la conectividad europea a Caracas ya es limitada.
Los riesgos en contra: Una apuesta que podría salir cara
Sin embargo, la balanza se inclina hacia el escepticismo entre analistas de aviación. La FAA no emite estas notificaciones (NOTAM) a la ligera: el aviso A0012/25 cubre todo el espacio aéreo venezolano, incluyendo el FIR de Maiquetía, y se basa en datos concretos de interferencias GNSS desde septiembre, que han afectado vuelos con «efectos persistentes«. Incidentes históricos, como el derribo del vuelo MH17 en 2014 por fuego antiaéreo, ilustran cómo errores en zonas de tensión militar pueden ser fatales.
Críticos, cuestionan la divergencia entre aerolíneas: «Mientras Iberia suspende por prudencia sindical, Air Europa asume umbrales de riesgo más altos, posiblemente por presiones comerciales«. En X, usuarios advierten que la decisión podría dañar la reputación de la compañía si ocurre un incidente, recordando que la FAA exige notificación previa de 72 horas a operadores estadounidenses, un precedente que podría extenderse. Además, problemas en tierra en Maiquetía —como la pista 10L/28R cerrada— y múltiples obras en el área de movimiento del aeropuerto, agravan el panorama, potencialmente exponiendo a pasajeros y tripulaciones a vulnerabilidades en tierra.
Para los viajeros, la incertidumbre es palpable: billetes emitidos se reprograman o reembolsan, pero la percepción de inseguridad podría disuadir reservas futuras.
¿Hacia dónde apunta el futuro?
La decisión de Air Europa podría ser acertada si las tensiones se desescalan diplomáticamente —como sugiere el presidente colombiano Petro con mediaciones qataríes—, preservando su rol como un salvavidas europeo. Sin embargo, si la FAA eleva el nivel o ocurre un incidente, el costo reputacional y legal sería inmenso. Por ahora, la compañía camina en una cuerda floja: valiente para unos, imprudente para otros.